Historia y geología de Castellfollit

Primero llegó la lava; después, un castillo en un lugar fácil de defender. Mil años de terremotos, asedios y riadas explican el pueblo que se ve hoy.

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El riscal basáltico de Castellfollit de la Roca visto desde la orilla del río Fluvià
Enfo · CC BY-SA 3.0 · Fuente

Antes del pueblo: la lava

El Parque Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa reúne, según su propio folleto, una cuarentena de conos volcánicos y varias coladas de basalto en unas 15.000 hectáreas. Castellfollit está sobre dos de esas coladas. La primera bajó desde la zona de Batet por el valle del Fluvià; la segunda llegó desde Begudà por el valle del Toronell y cubrió a la anterior.

Las fechas varían según la fuente. Patrimoni Garrotxa da unos 217.000 años para la primera colada y unos 192.000 para la segunda; una ficha más antigua del Parque, de 2009, da para la primera una cifra escrita como «350.00», probablemente 350.000 años, y deja la segunda sin datar. Después, el Fluvià y el Toronell fueron excavando a ambos lados hasta dejar la meseta de basalto en alto, y el agua y el hielo siguen haciendo retroceder la pared. Lo explicamos con detalle en el riscal basáltico.

Un castillo en lo alto (siglos XI a XIV)

El pueblo nació alrededor de un castillo. Según el Ayuntamiento, las primeras menciones escritas son kastro fullit, en 1096, y kastro-follito, en 1100. El castillo aparece citado el 26 de octubre de 1193, cuando los lugartenientes del vizcondado de Bas cedieron a perpetuidad la bailía del castillo y de la villa a Ramon de Colltort. A su abrigo se instalaron familias campesinas, y el núcleo se amuralló más adelante.

En el siglo XII el lugar pertenecía a los vizcondes de Bas. En 1278, Sibil·la, vizcondesa de Bas y de Empúries, reconoció que tenía el castillo en feudo del rey y poco después se lo vendió al propio rey. En 1315, Jaume II dio el vizcondado de Bas, Castellfollit incluido, al conde Malgaulí de Empúries, aunque se reservó el dominio directo. En 1339, Pere el Cerimoniós incorporó Castellfollit a la Corona, y en 1351 pasó a formar parte del ducado de Girona, creado para su primogénito.

Terremotos y guerras (siglos XV a XVII)

En el siglo XV llegaron los terremotos. El Ayuntamiento cuenta que un gran terremoto derribó el pueblo y que otro, el día de la Candelaria de 1428, lo volvió a derribar. Según el inventario de patrimonio, aquel seísmo de 1428 derribó también la iglesia de Sant Salvador y mató a cerca de una cuarta parte de la población.

En el siglo XV la baronía fue de la familia Santa Pau y, por parentesco, pasó después a los Cruïlles. En 1462, durante la guerra civil catalana, el pueblo cayó en manos de los remensas que encabezaba Francesc de Verntallat.

El siglo XVII fue el de los franceses. En 1657 hubo aquí una batalla en la que las tropas castellanas del marqués de Mortara derrotaron a las francesas; las tropas francesas causaron graves daños en la iglesia en 1657 y 1658, y en 1659 el pueblo sufrió asedio, bombardeo e incendio. El castillo siguió siendo una plaza fuerte, y según el Ayuntamiento fue el ejército francés el que, al parecer, lo derribó en 1691.

Del siglo XVIII al XX

Sin castillo, las guerras siguieron pasando por aquí. Durante la guerra de la Independencia, según el Ayuntamiento, los franceses se llevaron las vigas del tejado de Can Gussinyer para tender una pasarela sobre el Fluvià, el pas dels Gabaits. En 1872, al empezar la tercera guerra carlista, hubo una escaramuza junto a esa misma casa, y en 1874 carlistas y republicanos combatieron entre las ruinas del castillo.

Entre finales del siglo XIX y el primer tercio del XX llegaron otros cambios. La fonda Ca la Paula abrió en 1870 en la carretera de Girona a Olot, y según el Ayuntamiento las primeras noticias de la cantera de basalto son de 1887. La familia Ortiz la explota desde 1929. En 1908 se construyó un puente sobre el Fluvià, y entre 1924 y 1925, la Torre del Rellotge.

La Guerra Civil y la posguerra

En 1936 se quemó la iglesia vieja de Sant Salvador. Al final de la guerra, el puente del Fluvià fue volado durante la retirada republicana, y la riada de 1940 derribó dos de sus arcos; ya no se reconstruyó. La misa se trasladó a otro edificio hasta 1944, cuando se terminó la iglesia nueva en la parte moderna del pueblo. En los años sesenta se trasladó también el cementerio, que estaba en la actual plaza de Josep Pla.

El 3 de abril de 1970, otra riada se llevó buena parte de lo que quedaba del puente gótico sobre el Toronell, que se reconstruyó después. A mediados de los años ochenta, los vecinos recuperaron la iglesia vieja como centro cultural.

Hoy

Castellfollit tiene 960 habitantes (Idescat, 2025) y un término de 0,73 km². Forma parte del Parque Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa, y el riscal sobre el que vive está vigilado: según NacióDigital, en 2023 el Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya instaló sensores de movimiento en la cara norte para anticipar desprendimientos.

Para ver los restos de toda esta historia sobre el terreno, empieza por el casco antiguo y la iglesia vieja.

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Fuentes